Hace tres años, cuando los miembros de Freepress nos juntamos para dar a luz este proyecto, elegimos la forma jurídica de cooperativa de trabajo asociado para desarrollar nuestra actividad y asumimos y asimilamos los diferentes discursos que existen en torno a lo que se viene llamando economía social y solidaria. Veníamos ya de otras experiencias autogestionarias como centros sociales y colectivos de base que trabajaban en diferentes temáticas. Especialmente, como ya hemos contado, teníamos un espacio en común dentro del periódico Diagonal. Pero  fue el contacto con personas que participaban en la red de  La Madeja lo que nos acercó definitivamente a estos referentes socioeconómicos y organizativos.

Sin embargo, en ocasiones, dichos referentes y términos son escurridizos y confusos, lo que nos ha llevado a la necesidad de tratar este tema en nuestra web.  Muchas veces escuchamos y usamos de manera indistinta palabras como «economía social»,  «economía solidaria»  o «tercer sector» –que trataremos en otro momento–, pero cada uno de estos términos hace referencia a distintas realidades y concepciones, con aspectos divergentes y convergentes.

Economía social

Podríamos decir que es la madre de todos lo demás conceptos ya que fue el primero en nacer, en el siglo XVIII, para denominar a aquellas experiencias que estaban surgiendo en paralelo al desarrollo del capitalismo y que fueron las primeras cooperativas, mutualidades y asociaciones. Son muchas las organizaciones que representan o estudian a la economía social, una de las más respetadas es el CIRIEC-Internacional, que ha establecido una de las definiciones más amplias y respaldadas institucionalmente:

[bra_blockquote align=»»]Conjunto de empresas privadas organizadas formalmente, con autonomía de decisión y libertad de adhesión, creadas para satisfacer las necesidades de sus socios a través del mercado, produciendo bienes y servicios, asegurando o financiando y en las que la eventual distribución entre los socios de beneficios o excedentes así como la toma de decisiones, no están ligados directamente con el capital o cotizaciones aportados por cada socio, correspondiendo un voto a cada uno de ellos. La Economía Social también agrupa a aquellas entidades privadas organizadas formalmente con autonomía de decisión y libertad de adhesión que producen servicios de no mercado a favor de las familias, cuyos excedentes, si los hubiera, no pueden ser apropiados por los agentes económicos que las crean, controlan o financian».[/bra_blockquote]

Hacemos referencia a esta definición tan laxa porque en ella ya podemos adivinar los puntos de fricción y fronteras internas con las que nos vamos a encontrar: por un lado unas entidades que operan en el mercado y, por otro, otras que no, o que, en todo caso, lo hacen de forma ocasional o secundaria.  Las primeras hacen más incidencia en su gestión participativa, igualitaria y democrática y las segundas insisten en la generación de un bien común, aunque ambos son criterios comunes a toda la economía social. Entonces nos podríamos hacer las siguientes preguntas, ¿toda organización sin ánimo de lucro pertenece a la economía social? ¿Una empresa con una fuerte línea de Responsabilidad Social Corporativa podría serlo? Respecto a la primera cuestión, todo depende  de si realmente son  horizontales. En cuanto a la segunda, claramente no, pues siempre habrá una línea divisoria entre políticas principalmente dirigidas a reforzar una imagen amable de la empresa y un verdadero compromiso con la sociedad, que parte de una diferencia radical en la producción y límites de los beneficios.  Son este tipo de preguntas las que nos debemos hacer para establecer unos necesarios lindes  y reflexionar sobre nuestras prácticas.

Economía solidaria

economía social

por shioshvili (flickr.com)

¿No sería la hija aventajada de esa madre «economía social» de la que acabamos de hablar? Las experiencias y discursos en torno a este concepto hacen hincapié en el potencial transformador,  principalmente como alternativa a la economía capitalista.  En su seno se reconocen dos corrientes o tradiciones: la latinoamericana y la europea.  Las diferencias entre ambas «escuelas» tienen matices que se justifican sobre todo en la historia y contexto de cada continente. Así, en Latinoamérica la economía solidaria es una herramienta hacia una sociedad más justa  y tiene un carácter de crítica al capitalismo mucho más marcado.  De hecho, suelen usarse sinónimos como  «economía popular» o «economía del trabajo» para resaltar la importancia de la fuerza de trabajo sobre la lógica de  acumulación del capital. No hay que olvidar que, como vemos claramente en países como Brasil, el fomento de la economía social muchas veces es uno de los pilares para contraatacar las políticas neoliberales.

Por otro lado, en Europa, la economía social surge como respuesta a la progresiva institucionalización de gran parte de la vieja economía social. Las contradicciones e incompatibilidades que acarrea, por ejemplo, los procesos de internacionalización de una cooperativa quieren superarse con una visión más amplia de la economía y sobre todo con un compromiso ético mucho mayor.

La economía solidaria ha demostrado una capacidad para introducir e interrelacionar nuevos temas de manera mucho más dinámica. Así que no es raro que las personas que nos movemos dentro de ella reflexionemos sobre género, sistemas de intercambio basados en el trueque o monedas locales, la incorporación de la esfera de la distribución, con las ideas de comercio justo o de mercados sociales, y sobre el consumo responsable y las finanzas éticas, por citar algunos temas.

Pero para entender lo que es la economía solidaria que defendemos os aconsejamos que reviséis la Carta  Solidaria de REAS (red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria). En ella se exponen seis principios básicos y unos criterios complementarios a éstos. Todas las entidades que participan en la red deben responder a unos y a otros de manera continuada, controlando la coherencia de sus prácticas regularmente y haciendo partícipes a todas las personas de su empresa u organización.

Aunque quizá lo más importante de la carta es que parte de una situación ideal que debe adaptarse a cada territorio, forma jurídica y sector.  Por esto mismo nos dice:

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Es ilusorio pretender satisfacer la totalidad de estos criterios porque son características de una empresa/organización solidaria ideal. Cada empresa/organización firmante en una primera fase valorará cuáles son sus puntos fuertes y también sus lagunas respecto al conjunto de estos criterios según su propia escala de valores. En una fase ulterior precisará los criterios que serán objeto de un esfuerzo particular por su parte en un plazo determinado»

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Concluyendo, debemos buscar en nuestras prácticas, y en el debate de éstas con los otros, cómo cumplimos con el propósito de transformación del modelo económico actual a otro más justo y sostenible. Propósito que es el fin último de la economía solidaria.

Fuentes:

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