El próximo miércoles 9 de marzo, 19:30h Traficantes de Sueños presenta en su sede (Embajadores, 35)  el libro Emprendizajes en cultura. Discursos, instituciones y de la empresarialidad cultural. Allí estará su autor Jaron Rowan, miembro de YProductions, un colectivo que  se define en su web como  «una plataforma que investiga sobre cultura desde el trabajo cultural».

Pudimos escuchar al autor en la conferencia que abrió las jornadas Para quienes disfrutamos trabajando sobre de precariedad y autoorganización del trabajo creativo a comienzos de julio de pasado año. Entonces el libro  estaba a punto de publicarse y, en gran parte, la charla reflejó los contenidos de éste.

El autor cuenta como distintos  sectores y actividades empezaron a verse como una sola realidad económica y como se las promocionó  y comenzó a regular en torno a idea de «industrias creativas»:

Los primeros informes del gobierno británico sobre las industrias creativas identificaron trece sectores: la publicidad, la arquitectura, el arte y las antigüedades, la artesanía, el diseño gráfico, el diseño de moda, el cine y el vídeo, el software interactivo, la música, las artes escénicas, la edición, el software y los servicios informáticos y, por último, la televisión y la radio. Bajo el radar económico se colocaron así disciplinas como la artesanía, el diseño gráfico, las artes escénicas o el arte contemporáneo, que nunca antes habían sido identificadas como un sector industrial.

Jaron Rowan, Emprendizajes en cultura, Traficantes de sueños, Madrid, 2010, p. 37.

Se trata, por tanto, de un discurso nacido en el mundo anglosajón, extendido rápidamente y caracterizado por políticas que abandonan el sistema de subvenciones estatales para dar paso a la defensa de la financiación privada o de las ayudas-préstamo, así como por la obtención de beneficios por medio de una gestión de los derechos de autor restrictiva, por destacar dos de sus principales rasgos.

El resultado actual de todo este proceso de transformación  es un perfecto nicho para el despliegue del neoliberalismo donde la figura de la empresa y el emprendedor es fundamental; donde se promociona la idea de profesionalización de actividades que antes no necesariamente tenían que adoptar esta forma; donde nos encontramos con una galaxia de trabajadores freelances y microempresas fragmentada, precarizada y con una capacidad de lucha por sus derechos laborales muy, pero que muy cuesta arriba.

La cuestión no acaba ahí, de alguna forma, con mayor o menor intensidad, los trabajadores de la cultura hemos aceptado de buena gana estas condiciones. El autor comparte la tesis de que capitalismo ha sacado rendimiento de la llamada «crítica artística» que tiene como referente e inicio el año 1968 (Luc Boltanski y Ève Chiapello, El nuevo espíritu del capitalismo). Todo esto se articula en torno a tres conceptos básicos: la idea de placer en el trabajo, el deseo de autonomía y libertad y la omnipresencia de la creatividad como valor y premisa indispensable.

Para demostrar todo esto, además,  el libro recoge y analiza una serie de entrevistas realizadas tanto a instituciones y entidades de promoción del emprendizaje en cultura como a miembros de pequeñas empresas de diversos sectores.

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